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¿Cuáles son los datos que te pueden robar con aplicaciones como FaceApp?


22 de jul de 2019 a las 12:44 hrs
www.dineroenimagen.com Foto: Pixabay
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CIUDAD DE MÉXICO.- Hoy en día es muy fácil acceder a aplicaciones que piden todo tipo de permisos en nuestros dispositivos y no nos damos cuenta todo lo que estamos entregando a las compañías que están detrás de estas apps.

En ese sentido, Paul Lara nos detalla cuáles son los riesgos de usar este tipo de apps de moda.

Sé que hoy en día es complicado proteger nuestra privacidad, pero no es pretexto para no hacerlo. Luego de casos como el de Cambridge Analytica, y más recientemente el de FaceApp, que a través de supuestos “juegos de personalidad” en redes sociales toman nuestros datos para venderlos a empresas y gobiernos, que los usan para manipular comportamientos o entrenar inteligencias artificiales, es increíble que la gente siga descargando estas aplicaciones con la consigna de “pues, de todos modos ya desde hace tiempo nos robaron nuestros datos”.

Me parece preocupante que, inclusive, compañeros periodistas que se asumen expertos en temas de tecnología hayan atacado un post que subí a Twitter y Facebook diciendo que no debe tenerse dos dedos de frente para saber que estas apps roban nuestros datos, y que se es imbécil en dar nuestra información de esta manera, sólo por subirse al mame del “age challenge” y atraer usuarios en sus sitios o redes personales. Bueno, sé que muchos de ellos no son periodistas, sino gadgeteros que, con “hambre” de tener visitantes y que las marcas los inviten a eventos, hacen lo que sea, aun arriesgando su identidad digital en pro de sumar likes. Sin embargo, el tema personal va más allá.


Déjenme explicarles por qué sí deben cuidar su privacidad. Christopher Wylie, exdirector de investigación de Cambridge Analytica, aseguró en su comparecencia ante el gobierno inglés que, sin su injerencia en el voto del Brexit, los resultados habrían podido ser distintos. Esto ilustra por qué proteger la privacidad es un esfuerzo colectivo.

A qué me refiero con que el esfuerzo debe ser de todos, a que por la simple razón de que al exponer datos sobre nosotros también exponemos a otros. Piensen en cuántas fotos publican en las que sale su familia, sus amigos, gente conocida o hasta desconocidos.

En el caso Cambidge Analytica, fueron 270 mil personas las que decidieron participar en las encuestas en redes sociales de Aleksandr Kogan, investigador de la Universidad de Cambridge, y utilizar la aplicación Thisisyourdigitallife (esta es tu vida digital), un simple cuestionario de personalidad. A través del mismo, los usuarios respondían preguntas sobre su persona, como cuán extrovertida o vengativa es, si les gusta el arte, la música y viajar, entre otras. Mientras ustedes contestaban estas preguntas, igual que mientras usan apps como el “cómo me veré de viejo”, la aplicación descargada, aun sin iniciar sesión, les estaba robando sus datos y la de sus amigos en redes sociales y en sus propios equipos. Recuerden que ustedes les dieron acceso a sus fotos, a su ubicación y hasta a usar su cámara y micrófonos. No ilegalidad, sólo una mala ética de los desarrolladores.

Ahora, piensen cómo con esta cosecha de datos ayudan con la fabricación de herramientas que pueden construir un perfil político y sicológico de cualquier persona en el mundo. Imaginen cómo pueden usarse para manipular nuestro comportamiento político, de compra o hasta para saber si somos aptos para recibir una visa o pasaporte. ¿Siguen pensando qué importa descargarlas si de todos modos ya los espiaban desde hace años?

Los efectos de la pérdida de privacidad no son evidentes inmediatamente, porque son acumulativos. Ustedes piensan que no sucede nada por dar un dato personal a una empresa con tal de estar en tendencia. Pero la información se suma, se va agregando a bases de datos, se analiza y se utiliza, muchas veces, en detrimento de los usuarios.


Y créanme, con el tema de la personalización de los productos o servicios, las empresas pueden determinar el poder adquisitivo de cada uno de ustedes y qué tan interesados están en un producto para poder cobrarles el precio más alto que estén dispuesto a pagar. Y eso es lo mínimo.

También pueden utilizarla para discriminarlos por su origen, raza o hasta por cuestiones de salud: si dos personas quieren el mismo trabajo, son igual de competentes, pero uno sufre de un problema de salud, es posible que una empresa prefiera contratar al otro luego de conocer su identidad digital.

Puede sonar a teoría de la conspiración, pero algunos de los elementos más importantes de nuestras sociedades dependen de la protección de la privacidad. Usuarios e instituciones públicas deben trabajar juntos para construir un internet que esté al servicio de los usuarios y no uno en el que los usuarios están al servicio de empresas y gobiernos.